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El Congreso de USA espera por Mark Zuckerberg

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El escándalo, tras conocerse la noticia de que millones de datos de usuarios habían sido utilizados para influenciar el voto en las últimas elecciones estadounidenses, ha aumentado la presión sobre el gigante tecnológico Facebook: Mark Zuckerberg, su director, deberá ir al Congreso y responder a las preguntas de los parlamentarios.

El CEO debe comparecer este martes y miércoles, y someterse a una larga serie de audiencias para intentar bajar la presión, que podría obligar a la empresa a tomar medidas que afectarían su actual funcionamiento. Una de ellas, a la que los directivos de Facebook se han mostrado muy reticentes, es la de combatir abiertamente los perfiles falsos, una medida que podría generar un amplio rechazo en la comunidad de usuarios.

Zuckerberg ya había gestionado cambios en la forma de difundir las noticias a través de la red social, para evitar el impacto negativo de la información errónea y evitar así la manipulación política, pero hay consenso en que las medidas son insuficientes. El escándalo por la utilización de los datos privados a través de la empresa Cambridge Analytica aún puede tener consecuencias legales. Por lo pronto, los congresistas norteamericanos ya han anunciado que exigirán a la empresa que oficialice los nombres de los millones de usuarios que pueden haber sido afectados por la medida.

“Tú eres el producto de esta manipulación”, sugiere The New York Times en su edición de hoy: la empresa tendrá que advertirle a sus usuarios que sus datos podrían haber sido manipulados sin consentimiento. No se trata tan sólo de una violación del contrato que Facebook establece con su público, sino también de una amenaza a la democracia, si entendemos por ella un apoyo meditado y sereno mediante el cual los votantes apoyan a sus candidatos en función del bien común. “Nadie puede alegar su propia estupidez”, dicen muchos expertos en noticias, y esto es cierto. Pero el extraordinario poder de la tecnología para afectar el pensamiento humano mediante la información indiscriminadas –y falsa en muchos casos-, aunque sólo fuera en el corto plazo, merece una revisión de estas nuevas herramientas de difusión de la información.

Una de las voces de alerta más importante es la del alemán Martin Hilbert, gurú del Big Data, que advierte en una entrevista reciente concedida a la BBC: “La democracia no está preparada para la era digital y está siendo destruida”. Hilbert augura una “dictadura de la información” semejante a lo que profetizaba Orwell en su distópico 1984. Los políticos pueden manipular nuestros pensamientos, los algoritmos pueden descifrar nuestra personalidad para darnos información a medida y las empresas de teléfono saben hacia dónde vamos y de dónde venimos. Con esa lógica en funcionamiento, la vieja utopía de una red que descentraliza el poder establecido por las grandes empresas y grupos de influencia ya ha quedado atrás. Facebook es una poderosísima máquina para centralizar, gestionar y manipular la información. Y lo fundamental: venderla a sus principales clientes.

Una de las voces de alerta más importante es la del alemán Martin Hilbert, gurú del Big Data, que advierte en una entrevista reciente concedida a la BBC: “La democracia no está preparada para la era digital y está siendo destruida”. Hilbert augura una “dictadura de la información” semejante a lo que profetizaba Orwell en su distópico 1984.

En síntesis, lo que publicamos en las redes sociales es un asunto público, y el modo en que nos afecta es tierra incógnita para el más experto conocedor de semiótica o de comunicación: sólo sabemos que nos afecta de un modo corrosivo e inmediato. De modo que podemos imaginarnos a Mark como una especie de doctor Frankenstein de la era de las tecnologías disruptivas, teniendo que dar cuenta de todas y cada una de las trapisondas generadas por su irredimible criatura. Mark ya debe saber, 14 años después de su invento, que con Facebook ha abierto una compleja caja de Pandora: por muy buenas que sean sus intenciones, los efectos de la nueva herramienta exceden cualquier expectativa respecto de sus consecuencias a mediano o largo plazo.

Ese niño mimado de las empresas tecnológicas estadounidenses, tal vez se vea obligado esta vez a transpirar su céllebre T-Shirt color gris -tan elogiada o criticada por su sencillez o su poca elegancia-, cuando en la sala del Congreso de su país deba responder preguntas para las que aún nadie tiene una respuesta.

Alguno de los legisladores ya deslizó que se espera una actitud comprensiva -y colaborativa- de Zuckerberg: “We can do it the easy way or the hard way”. ¿Un simple comentario, o un sutil “apriete”?

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Etiquetas: , , , Last modified: 29 noviembre, 2018
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